Querida industria de la Moda: Regatear no es negociar

Sé que el regateo no es exclusivo de la industria de la Moda, pero como esta es en la que trabajo, y de la cual con argumentos puedo opinar, me dirijo directamente a ella.

REGATEAR NO ES NEGOCIAR.

Ahí está, tenía que decirlo en mayúsculas, porque si estuviéramos de frente lo habría dicho con un megáfono.

Vamos a empezar con un ejemplo claro, este es el escenario:

Usted tiene una tienda de moda en un centro comercial, entra un cliente, baja una prenda del rack y le pide que le baje el precio a la prenda para el llevársela. Esta persona considera que su prenda no vale el precio sugerido, porque hay muchas parecidas en tiendas similares, pero usted tiene que decir que no al cliente, porque si le baja el precio a la prenda usted termina perdiendo. La prenda no solo costó la tela, la prenda costó mano de obra, insumos, bodegaje, transporte, estrategias de comercialización, posicionamiento de la marca, vendedores, capital humano dedicado a conceptualizar y el alquiler del local, entre varias otras cosas.

Si para usted es tan claro, como dueño de una marca, el motivo por el que es una falta de respeto que le pidan rebaja, ¿Qué le hace pensar que es justo, o inteligente, pedirle rebaja a quien le ofrece a usted un producto o servicio para su emprendimiento de moda?

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Les estoy tocando este incómodo tema hoy porque nos estamos estancando un poco, es raro ver una campaña claramente conceptualizada o bien ejecutada hoy en día, y es una lástima que nuestra idiosincrasia de malicia indígena, que nos lleva a regatearlo todo, sea la causante de esto. Honestamente, estamos haciendo la del vivo bobo, nos ahorramos unos pesos, que dicha, pero seguimos en el mismo lugar y nos preguntamos por qué.

El pan de cada día es este. Una marca quiere hacer una campaña, solicita un presupuesto, recibe el presupuesto, se horroriza, decide hacer la campaña “a su manera”. Cree que una modelo profesional puede negociarse como una “new face” o que una aficionada al instagram, o instamodel, puede reemplazar a la modelo, a quien una agencia se ha encargado de entrenar. ¿Fotógrafo profesional? ¡Qué te pasa! Acá tenemos una cámara buenísima, y más bien maquillemos nosotros mismos porque esos estilistas están cobrando mucha plata.

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El resultado: Unas fotos tipo “street style”, con una modelo demostrando incomodidad en sus poses dado a su falta de experiencia en campañas, sin un concepto que fidelice a los clientes existentes o enganchen unos nuevos. ¿Quién pierde a mediano y largo plazo? La marca. Punto. Qué tal si en vez de tomar cuatro sesiones de fotos al año, toma dos, pero contrata responsablemente a quienes la van a ejecutar. Una marca necesita inversión, es irreal pensar que no la necesita, y en una planeación responsable se debe encontrar el espacio para invertir.

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Y ni hablar de las decenas de cursos de moda, estilismo, mercadeo y comunicación que se ofrecen hoy en día, quienes los “arman” se escandalizan con las tarifas de quienes realmente saben de la materia y terminan contratando aficionados que se ajustan al “presupuesto”. Por favor, institutos, Universidades, y Cámaras de Comercio dejen de regatear las tarifas de quienes verdaderamente pueden ayudar a nuestros empresarios. Regatear no es negociar. ¿Estoy sonando sumamente odiosa cierto? Alguien tenía que decirlo, porque no es justo con USTEDES, los empresarios, que sigan año tras año en el mismo lugar y nadie se atreva a decirles las cosas.

Si, la situación está difícil, pero si ponemos el ego a un lado y analizamos los aspectos que han llevado a algunos de nuestros competidores al éxito es ser contundentes y hacer las cosas bien. Bien en todos los aspectos, pagando lo que vale cada cosa. Precio es lo que pagas, valor es lo que recibes.

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Por favor dude de quienes ofrecen precios muy reducidos por su producto o servicio, no permita que adquieran experiencia arriesgando su marca (ahí es donde se hace la del vivo bobo). Una persona que sabe no le dice que le hace “lo mismo” por la mitad del precio. Una persona que sabe le dice que le hace la mitad del trabajo por la mitad del precio. Momento ideal para sugerirle a las personas que no ofrezcan servicios para los que no tienen experiencia o para los que no están calificados, eso no es justo con el contratante.

Al salmo respondemos: Regatear no es negociar.

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